Educación
inclusiva
Por: Melania Aragón
Duran
Departamento de
Investigación
CENAREC
“La
no discriminación por motivos culturales, lingüísticos, sociales de género e
individuales, es un derecho humano irrenunciable y que debe ser respetado y
fomentado por los sistemas educativos.”
(Marco de Acción de
las Américas, p:39)
Según el informe de la Comisión Internacional sobre
Educación para el Siglo XXI, la educación no es un simple mecanismo por el cual,
las personas adquieren un determinado rango de habilidades básicas, es además, un
factor crucial del desarrollo social y personal, un activo indispensable parar lograr
los ideales de la paz, la libertad y la justicia y uno de los principales
medios disponibles para reducir la pobreza, la exclusión, la ignorancia y la
guerra. (Delors, 1996, p.11).
Desde esta perspectiva, la educación
se debe reconocer como un derecho de todas las personas y no, como el
privilegio de algunas pocas. De allí que en los últimos tiempos, ha surgido un
movimiento que reclama la urgencia de considerar los intereses y necesidades de
quienes, de manera tradicional, se han visto en desventaja y han sufrido la
exclusión de los procesos educativos, personas con condiciones particulares
como lo son: las y los menores que trabajan, habitantes de zonas remotas o de
atención prioritaria, personas migrantes, quienes evidencian diferencias
étnicas y lingüísticas respecto del grupo mayoritario, así como personas en
condiciones de discapacidad, entre otras.
Es así como surge la educación inclusiva: “(…) del
convencimiento de que el derecho a la educación es un derecho humano básico que
está en la base de una sociedad más justa”. (UNESCO, 2004, p.15).
Para responder de manera efectiva a la diversidad desde un
enfoque inclusivo, se debe desarrollar un sistema educativo que celebre las
diferencias y respete las particularidades, pues como bien lo apunta UNESCO en
su Informe Final de la Conferencia
Mundial sobre Necesidades Educativas Especiales: Acceso y Calidad (1994),
cada niña o niño
(…)
tiene características, intereses, capacidades y necesidades que le son propias;
si el derecho a la educación significa algo, se deben diseñar los sistemas
educativos y desarrollar los programas de modo que tengan en cuenta toda la
gama de esas diferentes características y necesidades. (p. viii)
Lo
anterior implica adecuar el currículo del aula a la diversidad de estudiantes,
lo que supone, de acuerdo con Arnaiz (2003), llevar a cabo un conjunto de
ajustes o modificaciones en los diferentes elementos de la propuesta educativa,
de forma tal que las personas que requieren una adaptación del currículo, no
sean ajenas al grupo de aprendizaje sino parte esencial del mismo, participando
en las actividades comunes para todo el grupo y en su dinámica general, en la
medida de sus posibilidades.
Por tanto, la educación inclusiva
(…) es aquella que
con base en un currículo flexible dispone de Sistemas de Apoyos que se ofrecen
a toda la comunidad educativa durante los procesos de enseñanza y aprendizaje;
ajusta el contexto escolar para favorecer la atención a la diversidad del
estudiantado en igualdad de oportunidades, independientemente de sus
condiciones personales o culturales, con el propósito de eliminar las barreras
que limitan su participación y desarrollo plenos, en el ejercicio de sus
derechos”. (La Gaceta, 2007, p. 2).
De acuerdo con UNESCO (2004), el avance hacia una educación
inclusiva se justifica desde varias perspectivas:
Ø
Perspectiva educativa: Educar a
todas las niñas y todos los niños juntos implica desarrollar medios de
enseñanza que respondan a las diferencias individuales y, por tanto, beneficien
a todas las niñas y todos los niños.
Ø
Perspectiva social: Educando a todas
las niñas y todos los niños juntos, se pueden cambiar las actitudes frente a la
diferencia y formar la base de una sociedad más justa y no discriminadora.
Ø
Perspectiva económica: Con seguridad
cuesta menos establecer y mantener escuelas que educan a todas las niñas y todos
los niños juntos, que mantener un sistema complejo de diferentes tipos de
escuelas que se especializan en los distintos grupos de estudiantes. Por
supuesto, si las escuelas inclusivas ofrecen una educación efectiva a toda la
población estudiantil, esto significa también un mayor balance en el costo-beneficio.
Nos enfrentamos a un gran desafío, a una tarea que requiere
no solo el favorecer que todas y todos aprendan bajo un único sistema de
educación, sino además y más importante, se requiere garantizar
a la población estudiantil, una educación de calidad, una buena organización y
una adecuada utilización de los recursos.
Bibliografía:
Arnaiz, P. (2003). Educación
inclusiva: una escuela para todos. Málaga: Ediciones Aljibe,
S.L.
La
Gaceta. (2007).
Decreto Nº 34206-MEP de creación del Centro
Nacional de
Recursos para la Educación Inclusiva.
UNESCO (1994). Informe Final de la Conferencia Mundial
sobre Necesidades
Educativas Especiales: Acceso y
Calidad. Salamanca, UNESCO, París.
UNESCO, (2004).
Temario Abierto sobre Educación
Inclusiva. Santiago: UNESCO